Telegraph | 2006
» Hotel Aldebarán
A mere 15 miles from Bariloche, the holiday "capital" of Patagonia, overlooking glassy Nahuel Huapi Lake, the 10-room Hotel Aldebaran mixes country comfort with urban style. Fresh baked bread is prepared in a wood-fired mud oven every morning and dinners in the elegant stone restaurant, Sirius, are all organic, including beef grilled traditional parilla style. Guests can kayak, hike or sail the lake in the hotel's luxury yacht, the Fjord VI, or simply unwind in heated whirlpools on the spa deck, views of snow-capped peaks beyond. In the evenings they gather around a cosy fireplace in the lounge to sample wines from the superb cellar.
Nahuel Huapi National Park, Peninsula San Pedro, Río Negro (294 446 5132.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Conde Nast Travel | febrero 2006
» Maintaining tranquillity is the classic conundrum now facing the Lakes at large
As we eat, Marcos explains how his grandfather Aurelio Pagarde settled here in 1939, working for the nascent parks service; how he wound up naming most of the island's hills, pathways, beaches, and lagoons; how he came to host such visitors as President Eisenhower and the Shah of Iran. Yet what Marcos keeps coming back to is the simplicity of island life—growing up without modern comforts, living off the deer he hunted with his father. His mother tended a vegetable plot and made jam from fruit picked in the orchard. The family would only venture back to the mainland for monthly provisions and the occasional medical emergency—such as when Marcos accidentally hacked off his brother's finger while chopping wood. Surrendering to the idea that a secondary school might come in handy for young Marcos, the family migrated to Bariloche for ten years. But despite the town's enchanting hinterland, it had people—as well as shops, houses, cars, and restaurants. And it wasn't home.
"We came back to Victoria every weekend," says Marcos. And what did he yearn for most? Without missing a beat he replies, "La tranquilidad."
Maintaining tranquillity is the classic conundrum now facing the Lakes at large. For one perfectly dreamy afternoon we sailed Nahuel Huapi on a state-of-the-art ketch called La Bonita. Though horrendously overpriced, the excursion revealed the lake to be free of any other vessel as far as the eye could see. And for two days we holed up at Aldebaran, a spectacular new boutique property at the end of a dirt track on the San Pedro Peninsula, which is just fourteen miles from Bariloche but feels like a backwoods outpost—parts of the area are still without gas, and even the hotel itself was awaiting a phone line during my stay. "Alabama in the 1800s," as Aldebaran's owner chose to describe it.
Marred by meteoric growth and myopic town planning, Bariloche itself, however, has long passed the point of no return—a victim of its own success among big-city escapees. Nowadays, Argentina's smart set is retreating to the exclusive enclave of Villa La Angostura, on Nahuel Huapi's northern shore. Since the fifty-mile route from Bariloche was paved a decade ago, La Angostura has seen a proliferation of luxury lakeside hotels and cabanas. Martin Zorreguieta, brother of Princess Maxima of the Netherlands, recently opened a fusion bistro here. And the fact that Ted Turner as well as Planet Hollywood honcho Joe Lewis have moved in hasn't hurt property values either. Yet the population remains but a tenth of Bariloche's. In addition, new construction is controlled by strict architectural codes stipulating substantial timber usage, and the town center—rendered largely in cypress—retains a toy-village touch, as if Willy Wonka's desires had turned to wood instead of chocolate.
La Angostura's principal attraction is its natural history: Bathed in the lush greenery of the transition zone, it stands at the threshold of two elysian experiences. One is the Ruta de los Siete Lagos (Seven Lakes Route), a partially paved road snaking northward from Lake Nahuel Huapi, along a pearl necklace of smaller lakes, to San Martin de los Andes. The second is Los Arrayanes National Park—the island park within Nahuel Huapi National Park—which can be reached only by the isthmus extending from Villa La Angostura's southern fringe, and which harbors the world's only forest of arrayán (myrtle) trees.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
» Confort y cocina de autor con vista a la Cordillera
El invierno pasó y Bariloche es ya una explosión de color con los intensos amarillos de las retamas y la variedad de gamas de los lupinos que salpican el paisaje. La ciudad se prepara para recibir a los visitantes del país y de muchos otros lugares del mundo que llegan para disfrutar de sus maravillosos paisajes y de una amplia oferta en hotelería y restaurantes. Fuera del centro, hay varios sitios que ofrecen la fórmula de superconfort y cocina de autor, ideal combinación para deleitarse con unos días de placer envueltos en bellísimas vistas de lagos y la Cordillera.
El Llao-Llao es uno de ellos. La imponente obra que el arquitecto Bustillo diseñó en los años 40, y que fue reciclado con gran despliegue, goza de una vista excepcional, rodeado de los cerros López, Capilla y el majestuoso Tronador, que enfrenta al lago Nahuel Huapi y a Puerto Pañuelo. Con reconocida cancha de golf y Spa & Health Club, el hotel cuenta con varios sitios donde se puede degustar su cocina, que de la mano de Darío Gualtieri, su chef ejecutivo, es toda una garantía.
El Lobby Bar, el Winter Garden y el restaurante Patagonia ofrecen diferentes opciones de menús, pero los paladares gourmet elegirán una cena en Los Césares, donde Gualtieri se luce con una exclusiva carta de reminiscencias francesas a base de carnes de la región como cordero, ciervo, jabalí y el exótico choique, así como pato, salmón y otras variedades de pesca. La completa carta se acompaña con los buenos vinos del lugar, con 250 etiquetas del país y del resto del mundo.
Para los que buscan un lugar íntimo y recoleto, está Aldebarán, elegante y delicioso hotel boutique en la península de San Pedro, con espectaculares vistas al lago y el cerro Campanario. Mucha madera y piedra pueblan sus interiores, con confortables habitaciones en las que reina el buen gusto en la despojada, pero cálida decoración.
Cochinillos, vinos y golf
En Sirius, su restaurante gourmet, Gastón Cuiña, un joven e imaginativo cocinero, ofrece una carta con varias delicias para degustar, donde no falta la variedad de pesca de la región en sabrosas combinaciones, y novedades como el pato en dos cocciones, los raviolones rellenos de ragout de cordero o el brie en costra de almendras y sésamo. Pero es en el horno de barro donde el chef se luce con cochinillos, cordero patagónico, y seleccionadas carnes en su punto exacto, ideales para combinar con los buenos vinos de interesantes bodegas de la Patagonia Norte. Los postres son el broche de oro de cada comida.
El itinerante matrimonio de Mariana Müller y Ernesto Wolf, que ya dejaron su impronta hace unos años en Esquel, eligió esta vez el Peñón de Arelauquen para abrir un nuevo Cassis, como parte de este espectacular complejo que en 580 hectáreas, sobre el lago Gutiérrez, entre bosques y ríos, despliega su bella cancha de golf diseñada por el Chino Fernández, cancha de polo, y un importante lodge 5 estrellas, con buena gastronomía en El Talismán, El Refugio y el Eagle Bar, este último insoslayable lugar de encuentro frente al hoyo 9.
Cassis, con amplio deck sobre el lago y confortables sectores living, sigue deleitando a sus fieles seguidores con la especial cocina de Mariana. Truchas, lomo de ciervo, conejo braseado, su delicado strudel de cordero y el kassler de cerdo son algunos de los platos más elegidos, junto a postres de chocolate y el juego de especias y berries. La hora del té ofrece novedades como la selección de blinis, el roll de manzanas, junto a variedad de tortas y panes para acompañar los dulces de la casa.
En Naan, su propia casa, con magníficas vistas a la ciudad y el Nahuel Huapi, en un íntimo y moderno ambiente de gran calidez, Gustavo Lanús y Erica Harsanyi deleitan a los comensales con su carta, que combina recetas tradicionales con sabores de cocina étnica, seleccionados en sus viajes y una estada en cocinas de Europa. La suavidad del photai, deliciosa sopa thai, crocantes chicken wings, pollo salteado con piña en ron y panceta, y un muy recomendable gigot de cordero con tomillo, papas de campo y berenjenas son algunas de las especialidades de Gustavo. La pastelería está a cargo de Erica, con una variedad que los amantes de los postres sabrán apreciar.
Por Marta Salinas
|